jueves, 12 de mayo de 2011

La inseguridad económica aumenta la obesidad

El estrés que supone la inseguridad económica hace que las personas que viven en países regidos por el denominado "libre mercado" sean más propensas a volverse obesas, según un estudio británico publicado en la revista 'Economics and Human Biology'.
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El estrés que supone la inseguridad económica hace que las personas que viven en países regidos por el denominado "libre mercado" sean más propensas a volverse obesas, según se desprende de un estudio británico publicado en la revista Economics and Human Biology.

Según Avner Offer, profesor de historia económica y director de la investigación,"las políticas para reducir los niveles de obesidad tienden a focalizarse en alentar a las personas a cuidarse a sí mismas, pero este estudio sugiere que la obesidad tiene causas sociales más amplias". "Los beneficios económicos de los mercados flexibles y abiertos tienen un costo en lo referente a la salud pública y personal que rara vez se tiene en cuenta", puntualiza el experto.

El equipo de Offer comparó cuatro países de habla inglesa con formas liberales de mercado (Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia) con siete naciones relativamente ricas de Europa que tradicionalmente cuentan con una protección social mayor (Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Noruega, España y Suecia). Y comprobó que los cuatro primeros presentaban en promedio un tercio más de obesidad, liga a la inseguridad económica.

Además, según Offer, el surgimiento y aumento de la obesidad a gran escala comenzó durante la década de 1980, lo que coincide con el auge del liberalismo de mercado en los países de habla inglesa.

Para descartar otros factores, el equipo de investigadores ha medido también el impacto de la disponibilidad de alimentos de alto contenido calórico, así como las cadenas de comida rápida y supermercados. Sus conclusiones indican que "la disponibilidad de comida rápida tiene la mitad de efecto que la inseguridad económica sobre la prevalencia de la obesidad".

Fuente: MUY INTERESANTE

martes, 10 de mayo de 2011

El cerebro goloso

Si ante el escaparate de una panadería siente un deseo irresistible de abalanzarse sobre un jugoso donut de chocolate, no culpe a su falta de autocontrol. Es el cerebro el que manda, según acaba de revelar un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern.

En un experimento con varios sujetos a los que se había dejado comer hasta saciarse, el psiquiatra y neurólogo Marsel Mesulam comprobó que,
tras un atracón, nuestro cerebro permanece impasible ante las imágenes de donuts y otros suculentos dulces. Sin embargo, después de 8 horas de ayuno, esas mismas imágenes producen una reacción inmediata de nuestro sistema límbico, la parte del cerebro más ancestral que compartimos con los reptiles. “Esa región cerebral detecta los estímulos importante. Dice ‘no sólo tengo hambre, aquí hay comida’”, explica el investigador. A continuación, según revelaron las técnicas de neuroimagen, son las neuronas espaciales las que se deben ponerse en marcha para conducirnos (o no) hasta el objeto de deseo.

"Existe un sistema muy complejo en nuestro cerebro que nos permite concentrar nuestra atención en los elementos del entorno que son importantes para satisfacer nuestras necesidades, por ejemplo la comida cuando tenemos hambre, pero no cuando estamos saciados”, explican los autores del estudio en la revista
Cerebral Cortex. Algo similar ocurre si estamos en un bosque y escuchamos un crujido. “En este contexto prestamos inmediatamente toda la atención, porque puede ser una señal de peligro”, asegura Mesulam. Sin embargo, ese mismo sonido en la oficina no generaría ninguna respuesta cerebral. “Una de las principales misiones del cerebro es adecuar nuestra respuesta al contexto”, concluye Mesulam. 
fuente: muyinteresante

viernes, 6 de mayo de 2011

Contra la obesidad: convertir la grasa mala en buena

Científicos en Estados Unidos encontraron una forma de convertir la grasa blanca inerte y perjudicial del organismo en grasa marrón, capaz de quemar calorías y reducir el peso corporal.
Cintura gruesa
La grasa blanca, o mala, almacena las calorías adicionales que ingerimos.
El estudio, llevado a cabo en ratas, consistió en bloquear una proteína en el cerebro de los animales que se sabe estimula el apetito.
Y el resultado, afirman los investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, fue que no sólo se redujo el consumo de calorías de los animales y, por lo tanto su peso, sino también observaron que su grasa se convirtió en tejido adiposo marrón, cuya única función es quemar calorías.
El hallazgo, dice el estudio publicado en Cell Metabolism (Metabolismo Celular), podría conducir en el futuro a un nuevo tratamiento contra la obesidad en humanos.
Todos los mamíferos, incluido el ser humano, cuentan con dos tipos de grasa en su organismo: el tejido adiposo blanco y el tejido adiposo marrón.
La grasa blanca suma el 20% del peso corporal en hombres y 25% en mujeres. Es la típica grasa que se acumula en el abdomen y alrededor de la cintura, y la encargada de almacenar todas las calorías adicionales que consumimos.
Por otro lado, el tejido adiposo marrón -la grasa buena- se encuentra principalmente en el feto y los recién nacidos, que la usan como fuente de energía para generar calor y al mismo tiempo quemar calorías.
Sin embargo, cuando los bebés crecen, su grasa marrón desaparece casi por completo y queda reemplazada por la grasa "mala", la blanca.
Varios expertos han propuesto en el pasado que si se logra estimular al organismo para que produzca más grasa marrón en lugar de grasa blanca se podría encontrar la forma de controlar el peso corporal y prevenir la obesidad y sus enfermedades asociadas.
Ahora, los científicos de Johns Hopkins, parecen haber encontrado esa forma.

Enfoque novedoso

"Si logramos que el organismo humano convierta su grasa mala en grasa buena capaz de quemar calorías en lugar de almacenarlas, podríamos contar con una importante herramienta nueva para combatir la epidemia de obesidad"
Dr. Sheng Bi
El doctor Sheng Bi y sus colegas diseñaron un experimento para investigar si suprimiendo una proteína, llamada neuropéptido Y (NPY) que se sabe estimula el apetito, lograban reducir la grasa corporal de las ratas.
La NPY se encuentra en el hipotálamo, la región cerebral que regula el hambre, la sed, la temperatura corporal, el equilibrio de agua y la presión arterial.
Durante cinco semanas, los investigadores estudiaron a dos grupos de ratas, ambos alimentados con una dieta regular, pero a uno de los grupos se le suministró un virus para inhibir a la proteína NPY.
Los resultados mostraron, al final de las cinco semanas, que el grupo tratado con el virus pesaba menos que el otro grupo.
Para confirmar los resultados volvieron a dividir a los animales en otros dos grupos y a uno lo alimentaron con una dieta muy rica en grasas.
Los científicos volvieron a observar que las ratas alimentadas con la dieta de grasas y tratadas con el virus lograron mantener un menor peso corporal que las ratas que comieron una dieta normal y cuya proteína NPY funcionaba normalmente.
Esto demostró, dicen los investigadores, que la supresión de la NPY logró reducir el consumo de alimentos y entre más se suprimía la proteína, menos comían las ratas.

Sorpresa

Mujer obesa
El hallazgo podría conducir a un tratamiento para prevenir la obesidad.
La mayor sorpresa, sin embargo, ocurrió posteriormente cuando los científicos analizaron la composición de la grasa de las ratas.
En la región de las ingles de las ratas con la NPY inhibida, los científicos no encontraron la grasa blanca que se esperaría observar en los animales adultos, sino descubrieron que ésta había sido reemplazada con grasa "buena" marrón.
Los científicos creen que esta transformación podría deberse a una activación de las células madre de grasa marrón que contiene el tejido adiposo blanco.
Tal como expresa el doctor Bi "si logramos que el organismo humano convierta su grasa mala en grasa buena capaz de quemar calorías en lugar de almacenarlas, podríamos contar con una importante herramienta nueva para combatir la epidemia de obesidad".
El científico cree que quizás es posible lograr en seres humanos el efecto obtenido en las ratas inyectando células madre de grasa marrón debajo de la piel para quemar grasa blanca y estimular la pérdida de peso.
Pero afirma que "sólo con futuras investigaciones podremos saber si esto es posible".
Por su parte, el doctor Jeremy Tomlinson, experto del Centro de Investigación de la Obesidad de la Universidad de Birmingham, Inglaterra, afirma que este estudio es "estimulante, novedoso e interesante".
"Necesitaremos muchos más estudios para confirmar si funciona, pero podría ofrecernos una forma factible de desarrollar nuevas terapias contra la obesidad", señala el experto.
Fuente BBC Salud.

lunes, 2 de mayo de 2011

La grasa extraida con liposucción regresa al año



La liposucción es una de las operaciones más populares de cirugía cosmética en muchos países del mundo. Tan sólo en Estados Unidos se llevan a cabo casi medio millón de estos procedimientos cada año.
                                            
Al año de la operación, el cuerpo volvió a acumular grasa.
Hasta ahora, sin embargo, no se había estudiado si la grasa que se extrae del cuerpo regresa. Y, si regresa, en dónde vuelve a acumularse.
Una nueva investigación llevada a cabo en Estados Unidos por primera vez logró responder a estas interrogantes.
Los investigadores de la Universidad de Colorado, en Denver, encontraron que la grasa sí regresa al cuerpo humano.
Es, dicen los científicos en la revista Obesity (Obesidad), como si el organismo "defendiera" su volumen total de tejido adiposo. Y si lo pierde, vuelve a recuperarlo.
Aunque el estudio, llevado a cabo por los doctores Teri Hernández y Robert Eckel fue llevado a cabo con un grupo pequeño de mujeres, es la primera vez que analiza este patrón de redistribución de grasa en el cuerpo.

Pérdida "rápida"

La liposucción, un procedimiento en el que se extrae o "aspira" el exceso de grasa de diversas partes del cuerpo, ha sido practicada en todo el mundo durante más de 30 años.
Aunque la operación es rudimentaria y puede conllevar riesgos, se le ha presentado siempre como "la forma más rápida" de reducir el tamaño de los muslos, el abdomen o cualquier otra parte del cuerpo.
Pero ahora, los científicos de la Universidad de Colorado no sólo descubrieron que el cuerpo vuelve a acumular su tejido adiposio perdido, también encontraron que éste regresa redistribuido en la parte superior del cuerpo: hombros, brazos y la parte superior del abdomen.
El estudio involucró a 32 mujeres con una edad promedio de 35 años y de peso promedio. La mitad fueron sometidas a un procedimiento de liposucción para extraerles una cantidad "modesta" de grasa de la cadera y muslos.
La otra mitad no fue sometida a la operación pero se les dijo a las participantes que, al final del estudio, podrían ser sometidas a la operación a un precio reducido si así lo deseaban.
Los investigadores tomaron mediciones idénticas de todas las mujeres a las seis semanas, seis meses y al año.

                               Mujeres obesas

La liposucción es vista como una forma "rápida" de perder grasa.
El objetivo, explican los autores, era observar si el cuerpo "defiende" su composición de tejido adiposo.
Los resultados mostraron que a las seis semanas las mujeres sometidas a liposucción habían perdido 2,1% de su grasa, mientras que las que no tuvieron liposucción perdieron 0,28%.
Pero al año, esta diferencia había desaparecido.

Redistribución de grasa

Y aunque las mujeres operadas seguían manteniendo caderas y muslos delgados, su cuerpo había acumulado tejido adiposo en otra región.
Tal como explica el doctor Eckel, la grasa resultó redistribuida en la parte superior del cuerpo, principalmente en el abdomen superior, pero también en los hombros y brazos.
Los científicos no saben porqué el tejido adiposo no se vuelve a distribuir en el mismo lugar, pero una hipótesis, dicen, es que la liposucción destruye la estructura básica debajo de la piel donde se forman las células adiposas.
Para compensar esa pérdida el organismo comienza a formar nuevas células adiposas en otras áreas del cuerpo.
Es decir, el organismo parece llevar un control estricto de su número de adipositos y de su volumen total de grasa corporal.
Tal como informan los investigadores, a pesar de los resultados, las mujeres del grupo de control no se vieron desalentadas por la liposucción y la mitad decidió someterse al procedimiento a un precio reducido.
FUENTE BBC

domingo, 1 de mayo de 2011

LA OBESIDAD ES MENTAL

Científicos estadounidenses descubrieron que una sustancia cerebral que tiene una importante función en la memoria, también parece estar involucrada en la regulación del consumo de alimentos y la tendencia a la obesidad
En un informe que publica hoy la revista New England Journal of Medicine, los científicos del Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano, sugieren que el descubrimiento podría ayudar a combatir el aumento de peso.
La sustancia es el “factor neurotrópico derivado del cerebro” (BDNF, por sus siglas en inglés) y ya se había sugerido en investigaciones con animales que podría ser importante en el control del apetito.

En la investigación realizada con niños y adultos con el trastorno genético llamado síndrome de WAGR, los científicos descubrieron que algunos de ellos carecían de un gen correspondiente al BDNF y que, en coincidencia, mostraban mucho apetito y una marcada tendencia a la obesidad.

“Esta es una nueva y prometedora pista sobre los orígenes biológicos que contribuyen a la obesidad”, dijo Duane Alexander, director del instituto.
“Es posible que, en última instancia, este descubrimiento conduzca al desarrollo de nuevos fármacos para controlar el apetito en personas que no han tenido éxito con otros tratamientos”, agregó.
El síndrome de WAGR es un trastorno que se manifiesta con una serie de síntomas y enfermedades, incluyendo tumores renales, ausencia de iris ocular, anormalidades genitales y del tracto urinario y retraso mental.


En su estudio, los científicos analizaron el cromosoma 11 de 33 pacientes con síndrome de WAGR y 19 de ellos mostraron que carecían de toda o gran parte de la copia del gen BDNF.
A los 10 años de edad, esos 19 pacientes eran obesos y tenían una fuerte tendencia a comer de forma excesiva.
Más aún, señala el estudio, los 19 tenían niveles de BDNF en la sangre que eran alrededor de 50 por ciento menores en comparación con quienes tenían copias normales de ese gen.
Según Jack Yanoski, de la División de Crecimiento y Desarrollo del Instituto y autor principal del estudio, se cree que el BDNF trabaja en conjunción con otras sustancias que regulan el apetito y el peso corporal.
La principal de esas sustancias es la leptina, una hormona involucrada en las señales del hambre.
El científico manifiesta que la secreción de BDNF en el hipotálamo, la región del cerebro que controla la alimentación, es indirectamente impulsada por la leptina.
Los investigadores señalan que el estudio de la relación entre ambas sustancias, así como de la acción del BDNF sobre los tejidos, podría conducir al desarrollo de los nuevos fármacos para tratar la obesidad en ciertas personas.
Fuente tener salud.

lunes, 25 de abril de 2011

Hallan tres tipos de flora intestinal


En nuestro intestino viven unos 100.000 millones de bacterias de unas 1.000 especies distintas, lo cual es unas 10 veces más del total de células en nuestro organismo.
Tres tipos de flora intestinal (EMBL)
Existen tres tipos distintos de flora intestinal.
Se sabe que estas bacterias ayudan a digerir alimentos, a descomponer toxinas, producir ciertas vitaminas y aminoácidos y a formar una barrera contra los agentes invasores.
Ahora, científicos descubrieron que esta enorme comunidad de microorganismos se agrupa en tres grupos o "ecosistemas" diferentes de flora intestinal.
Y el tipo de flora que posee una persona afecta la forma como el organismo absorbe nutrientes, procesa alimentos y se defiende de infecciones, dicen los científicos en la revista Nature.
Tal como señalan los investigadores del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en Heidelberg, Alemania, identificando el ecosistema bacteriano de un individuo podría en el futuro ayudar a diagnosticar enfermedades como cáncer de colon y recto y a predecir cuál es el mejor tratamiento para ese individuo.

Especie dominante

"Descubrimos que la composición de las especies de bacterias en el intestino es diferente en cada persona" explicó a la BBC el doctor Jeoen Raes, del Instituto Flandes para Biotecnología, uno de los autores del estudio.
"Analizamos la flora intestinal de unas 200 personas y vimos que éstas se agrupan en tres distintos tipos o ecosistemas, y cada uno tiene una especie dominante" agrega.
"Estoy convencido de que enfermedades como la obesidad, diabetes, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y el cáncer de colon y recto e incluso el asma, el acné y muchos otros males, están vinculados a la flora intestinal y a alteraciones que ocurren en ésta"
Dr. Jeroen Raes
El estudio analizó muestras fecales de 39 individuos de tres distintos continentes, Europa, Asia y América y posteriormente se extendió el estudio para incluir a otras 85 personas de Dinamarca y 154 de Estados unidos.
Encontraron que, basados en la especie que dominaba en el intestino, todos los casos podían dividirse en tres grupos o enterotipos.
Tal como explica el doctor Raes, todavía no saben porqué las personas tienen alguno de estos ecosistemas de flora intestinal pero creen que podría deberse a las diferencias como nuestro sistema inmune es capaz de distinguir entre las bacterias beneficiosas y las bacterias perjudiciales.
O quizás se debe a las distintas formas como se liberan los desechos de hidrógeno de las células.
Lo que es claro, dicen los científicos, es que estos tipos de flora intestinal no están vinculados a factores como la edad, género, nacionalidad o índice de masa corporal.
Pero sí podrían ser responsables de trastornos como la obesidad o enfermedades vinculadas a la digestión y procesamiento de alimentos.
"Estoy convencido de que enfermedades como la obesidad, diabetes, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y el cáncer de colon y recto e incluso el asma, el acné y muchos otros males, están vinculados a la flora intestinal y a alteraciones que ocurren en ésta" explica el doctor Raes.
"Por eso esta comunidad de bacterias es tan importante y esencial para el bienestar de una persona".
"Y no debemos olvidar el enorme tamaño de esta comunidad: tenemos 10 veces más bacterias en el intestino que células en todo nuestro organismo. Es un "órgano" del tamaño de nuestro cerebro pero formado sólo por bacterias y, sin embargo, este órgano ha sido completamente abandonado por la comunidad científica y médica", agrega el científico.

Diagnóstico de enfermedades

Colonia de bacterias
En el intestino viven unos 100.000 millones de bacterias.
El hallazgo, afirman los investigadores, podría conducir a una nueva herramienta para el diagnóstico y tratamiento de muchas enfermedades.
Es decir, en el futuro, cuando el médico esté diagnosticando o analizando la probabilidad de que un paciente contraiga una enfermedad particular, no sólo buscará claves en su organismo sino también en el tipo de flora intestinal que posee.
Y los tratamientos para esa enfermedad podrían adaptarse al tipo de bacterias para asegurar el mejor resultado.
Tal como explica el doctor Raes, todavía deberán llevar a cabo más estudios para poder determinar, por ejemplo, si una persona nace con su tipo determinado de flora o es algo que cambia con el paso del tiempo.
Tampoco se sabe si estos tres tipos de flora intestinal son igualmente beneficiosos o uno es más perjudicial o beneficioso que otro.
"Todavía necesitamos llevar a cabo muchos más estudios. Pero si estamos en lo correcto, podríamos en el futuro desarrollar una prueba simple -como una muestra fecal- con la cual identificamos el tipo de flora", explica el investigador a la BBC.
"Y con esto podríamos diagnosticar una enfermedad o incluso modificar la flora intestinal para prevenir el desarrollo de esa enfermedad" agrega el científico.

 

domingo, 24 de abril de 2011

EE.UU.: la FDA exigirá a restaurantes indicar el contenido de calorías en sus menús


La Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) exigirá a partir de 2012 que los establecimientos de venta de comida indiquen la cantidad de calorías que contienen sus productos.
"La propuesta asegurará que los consumidores tengan más información a la hora de tomar sus decisiones sobre alimentación", afirmó  en un comunicado Kathleen Sebelius, secretaria de Salud de ese país.
La FDA calcula que la medida afectará a unos 280.000 establecimientos.
De acuerdo con la agencia federal, los estadounidenses consumen un tercio de todas sus calorías en comidas preparadas fuera de la casa.
fuente BBC